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Nuestros Pueblos
Carácuaro está situado en la falda de un cerro y le rodea un río al que se le ha dado el mismo nombre de la población, corriente que separa a otras elevaciones que le dan cobijo al lugar y que pareciera, lo guardan celosamente, pues el caserío lo observa el viajero, cuando ya lo tiene frente a su ojos. Aquí, el clima es bastante caluroso y llega a rebasar los 40º C durante la primavera y verano. Que de acuerdo a datos recogidos de Mariano de Jesús Torres se ha hecho más extremosa, ya que para el siglo XIX -según consigna-, había temperatura durante el invierno, que oscilaban en el día entre los 24º y 26º y por la noche 22º y 24º. En verano llegaba a subir respectivamente, durante el día a 28º y 30º y en la noche 26º y 28º. Temperaturas que no se comparan con las de ahora.
El toponímico de Carácuaro tiene varias acepciones, pues sus intérpretes no se han puesto de acuerdo a lo largo de los años en ese tema. Para algunos como José Corona Núñez, viene de carahacua, que quiere decir cuesta y la terminación ro, lugar. Es decir, lugar de la cuesta. Dice también que es de origen es Tarasco, pues el nombre le fue puesto, cuando llegaron a esa población durante el siglo XV. Con está definición coincide el Dr. Nicolás de León, quien afirma, que Carácuaro quiere decir: “Lugar de cuesta ó en la cuesta,” de “caráqua, cuesta o collado y “ro,” lugar. En otra posición que no tienen que ver con el espacio geográfico, sino con hechos posteriores a la conquista española, el Dr. Peñafiel y el Lic. Cecilio á Róbelo le da el significado de: “Lugar de la escribanía pública.”
Para varios estudiosos, en sus orígenes la población de Carácuaro fue una pequeña aldea de chichimecas muy anterior a la de los purhépechas y de la conquista española. Pero también pudo ser habitada en las primeras oleadas de migrantes indígenas procedente de Sud América, que ingresaron por la desembocadura del río Balsas y continuaron su peregrinar por las riberas del actual río Chiquito o Tacámbaro y doblando a la derecha al ir caudal arriba, se estacionaron en los parajes sinuosos y agrestes de los que hoy es Carácuaro. Aunque de difícil acceso, los grupos trashumantes encontraron un rico hábitat que les permitió subsistir y desarrollarse. Esta población no fue la única fundada por los indígenas, existen vestigios arqueológicos en está región que dan fe de varios asentamientos humanos antiguos, y aunque la riqueza natural de la región no se compara con la que existía en las margenes del Balsas, les posibilitó sobrevivir.
Quizá por ello, los conquistadores purhépechas e hispanos no le dieron tanta importancia a la población y le pasaron por alto durante las diversas expediciones que hicieron por esos lugares a lo largo del siglo XV los primeros y el XVI los segundos. Fue hasta que llegó la conquista espiritual que se le puso más atención a Carácuaro, particularmente por aquellos religiosos que recorrían la región de la Tierra Caliente hasta sus lugares más recónditos. Los franciscanos arrivarono muy temprano a estas tierras, pero se fueron pronto. Le siguieron los agustinos –como ya mencionamos en el capítulo anterior-, que se internaron en estás agrestes zonas un poco después, desde Tiripetio vía Tacámbaro: fray Juan de San Román fue el primero y posteriormente llegó fray Juan Bautista de Moya, conocido como el apóstol de la Tierra Caliente. Aunque la parroquia de San Agustín Carácuaro, fue fundada antes de 1762.
A partir de 1530, vemos a este poblado en el corregimiento de Cinagua y durante las reducciones territoriales de 1592-1604, la población de Carácuaro, junto con las de Acuyo, Nocupétaro y Purungueo, quedaron sujetos a Turicato. Para el año de 1619, Carácuaro contaba con 150 vecinos y al finalizar la primera del siglo XVII, tenía apenas 65, sin contar los que eran de fuera, y pertenecía a la encomienda de Nocupétaro que estaba en beneficios de clérigos. El lugar contaba por ese tiempo con un hospital, que era sostenido con una sementera de maíz y otra de algodón.
Un siglo después, en el año de 1746, San Agustín Carácuaro pertenecía a la jurisdicción de Cinagua-La Guacana y se localizaba a 37 leguas del primer poblado. Le habitaban 27 familias de indios administrados por la doctrina del clérigo de Turicato. En el pueblo de Carácuaro abundaban las frutas, el maíz y ganado mayor al igual que plagas de garrapatas que eran muy perjudiciales, y que en la lengua tarasca le llamaban los naturales turicatas. En 1787, cuando Huetamo se convirtió en subdelegación de la Intendencia de Valladolid, el área de Acuyo-Carácuaro-Purungueo, fue transferida a la nueva subdelegación. Aunque, para 1799, ya encontramos a Carácuaro como partido separado y para 1822, era anexada la población, a la tenencia de Tacámbaro.
Por decreto del Congreso del Estado de 11 de octubre de 1886 y en honor del párroco y héroe de la independencia nacional José María Morelos y Pavón, se le dio a la población uno de su apellido, conociéndosele desde entonces como Carácuaro de Morelos. Ahora, a pesar del aumento en la temperatura en la región de Carácuaro, ha existido un considerable incremento demográfico. Es uno de los escasos pueblos de toda la Tierra Calientes del Balsas que ha protegido su patrimonio arquitectónico, que lo han convertido en un lugar muy bello y peculiar digno de ser visitado, no solo para venerar al Cristo Negro, sino para recorrer sus calles y apreciar el paisaje rural de sus construcciones.
La economía de esta población y otras rancherías aledañas, gira en torno a la agricultura y ganadería. En cuanto a la primera, hay registros prehispánicos, coloniales y contemporáneos de una gran variedad de cultivos y productos que han permitido la subsistencia y comercio de sus habitantes, entre los que destacan: la calabaza dura y tamalayota, maíz, fríjol, plátano Costa Rica, chica, grande, guineo, manzano y morado, papayo, zapote prieto, limón, pinzán, changungo, bonete, pitahaya, ciruelo, anono, huicumo, mango, naranjo agrio y dulce, lima, mamey amarillo, nanche y tamarindo, camichin, capire, coyol, guamichís, guayabas agrias, peruanas y de china, limón agrio y dulce, huaje, jícama de agua, jocuistle o timbiriche, lima china, melón blanco y zapote, nanches, sandía y uva silvestre.
En el caso de la ganadería, se ha venido mejorando en los últimos años y varias familias dedicadas a esta actividad cuentan con vacunos de registro, principalmente suizo americano y europeo, así como brahmán y otros tipos. Todos ellos adaptados a las escasas lluvias y a los pastos secos, que se han ido mejorando, así como a la introducción de alimentos balanceados para el sustento de los bovinos. La leche y sus derivados son para el autoconsumo familiar, aunque en el caso del queso alcanza su distribución local. En cuanto al ganado, aparte del consumo interno, con la intervención de intermediarios se comercializa dentro y fuera de la región, principalmente con dirección al Bajío guanajuatense.