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Nuestros Pueblos
El toponímico de está población, significa en náhuatl: lugar donde se reverencia al coyote. De cóyotl, coyote; uan, interposición reverencial; y can, lugar. En lengua purhépecha significa lugar o despeñadero de águilas. Durante la colonia, los frailes o españoles que no entendían bien la pronunciación de la lengua indígena, indistintamente le llamaban Coyohuacan, Coiuca o Coyuca, como se le conoce actualmente. Durante el siglo XVI, fue evangelizado por los padres agustinos, siendo Juan Bautista Moya quien le asignó como santa patrona del pueblo a Santa Lucía. El apellido de Catalán, se lo pusieron los liberales en honor del general insurgente Nicolás Catalán, originario de Chilpancingo (Guerrero), que luchó al lado de Nicolás Bravo, José María Morelos, los hermanos Galeana y Vicente Guerrero, durante la Guerra de Independencia.
Coyuca se encuentra frente a las confluencias del río Balsas -Grande- y el Cutzamala, mientras que a su espalda queda la agreste Sierra Madre del Sur. Tiene un clima húmedo y caluroso, que llega a rebasar los 40º C en la primavera y verano. Se localiza en la región de los valles, a una altitud de 250 metros sobre el nivel del mar, lo que hace la tierra apta para la ganadería y la agricultura. Por las características de estos lugares, la flora está compuesta principalmente por huizache, cuerámo, pinzán, parota e ilama entre otras plantas, de las que hablamos más adelante -en el capítulo correspondiente-. En cuanto a la fauna, durante la época prehispánica y colonial, en sus ríos había camarón (langostino de río) y caimanes, que ahora han desaparecido, pero queda el bagre y la mojárra; en tierra hay especies, como: el coyote, jabalí, cuinique, armadillo, tejón, mapache, iguana, venado, conejo y una rica variedad de aves canoras y de rapiña, así como insectos y reptiles posoñozos.
Los antecedente prehispánico de esta población, se pueden observar a través de una rica mustra natural de sitios y piezas arqueológicas, en las cercanías del lugar. Por ejemplo: pirámides y pectoral de oro localizado en un sitio llamado el Ancón; las pirámides de la barranca de San José; juego de pelota con anillos, pilares, montículos, lapida, cabeza de serpiente, caras esculpidas en forma de máscaras y gran cantidad de puntas de lanzas de obsidiana en el cerro del Mono; pirámides, terrazas, sepulcros y ruinas localizadas en la localidad de placeres del oro.
Durante 1540 -en los primeros años de la evangelización-, el poblado de Santa Lucia de Coyuca pertenecía al curato secular de San Juan Bautista Pungarabato. En cuanto a la jurisdicción civil, en 1566 la encontramos en el corregimiento de Ajuchitlán, y treinta años más tarde (1599), junto con Cutzamala y Pungarabato, pasan las tres poblaciones al corregimiento de Guaymeo y Zirándaro.
En 1545, Coyuca, que era encomienda de Pedro de Meneses, tenía en su haber siete estancias y una población de mil 92 personas, sin contar a los menores. Tributaba 40 naturales a las minas del Espíritu Santo y cada tres mese o un poco menos, entregaba 3 cargas de manta, 60 jícaras, 10 petates de chile, 4 talegas de sal, una carga de pescado, 70 pares de cutaras, 10 talegas de pinol, 10 petates, 5 ollas, 5 cómales, una gallina de la tierra y otra de castilla. Además 20 naturales llevaban a la ciudad de México cada veinte días, cobre extraído de la región. En 1619, este poblado contaba con 40 vecinos. Años más tarde -durante 1741-, con la aprobación de don Diego de Peredo -provisor y vicario general de la ciudad de Valladolid-, se funda aquí la cofradía de Jesús Nazareno, con un fondo de 8 mil 80 pesos y gastos anuales por 97 pesos.
Para 1796, en Santa Lucía de Coyuca, como le conocían los españoles, había 136 tributarios indígenas que al no contar con tierras de repartimiento, cultivaban maíz para el sustento diario de su familia o de la comunida, donde podían. La mayoría lo hacía en tamacuas aprovechando la orilla del río Balsas, donde sembraban chile, jitomate, melón, sandía y calabaza. Otros tantos cultivan también algodón cascarilla en peujalitos, y algunos más trabajan en las haciendas cercanas. En el pueblo vivían también nueve vecinos españoles, de locuales, dos se dedicaban al comercio con tiendas mestizas; uno más con pulpera; cuatro a la cría de ganado mayor; uno no tenía oficio; y el maestro de la escuela. Al número de habitantes de este lugar, hay que agregar 26 medios tributarios mulatos.
El camino a esta población no era bueno entonces, y a parte, se tenía que cruzar el río Grande a través de barcas –que los españoles llamaron balsas-, para llegar a él. Algunas de ellas eran de gran tamaño y de una sóla pieza, en las que llegaban acaber hasta 20 hombres. En la temporada de lluvías era algo dificil pasar de una orilla a otra, por la gran cantidad de agua que arrastraba y las fuertes corrientes que ello ocasionaba.
En otros asuntos se puede decir, que los naturales de Coyuca, para su gobierno y recaudación de los reales tributos, celebraban anualmente elecciones para nombrar un gobernador, dos alcaldes, cuatro regidores, un alguacil mayor, tres topiles y un escribano. Como en otros pueblos de la Tierra Caliente, había un hospital o cofradía de la Purísima Concepción con un fondo de 500 reses, 18 caballos y dos huertas de plátano. A los enfermos que no tenían manera de atenderse en su casa, se les recibía en ese lugar y se les daba atole, comida y velas. Los gastos de estos enfermos eran cubiertos por los indígenas, a través del cultivo de una fanega de maíz y media arroba de semilla de algodón, y si con la cosecha de estos productos y las huertas de la cofradía no alcanzaban, vendían reses del fondo del hospital, de tal suerte que los desempleados no tenían que hacer ningún desembolso.
Para organizar las fiestas, misas y peregrinaciones, los naturales nombraban prioste, mayordomo, fiscal, quengui o despensero, escribano, dos semaneras que remudan cada ocho días y ocho guananchas. De esa manera, celebraran por ejemplo: “…el día de la Purísima y dan al cura por la función de la iglesia cinco pesos en dinero y […] pindecua [cinco mantas de a dos pesos y una toalla]. Pagan 20 pesos por las dies misas de las festividades de Nuestra Señora, 16 por las de los 16 sábados que les toca de tasación a 2 pesos por cada una de las que se celebran siempre que muere un indio o india de edad tributaria; 4 pesos 4 reales por el aniversario del día de difuntos; 6 pesos por tres misas que llaman de aguinaldo, 4 pesos por la noche buena, 4 pesos por la de la pascua de resurrección y 10 pesos por el vino que se gasta en todo el año para la misa. La víspera del día de la Purísima se convida con atole y el día con comida a todos los naturales y se gastan dos reses, tres fanegas de maíz, 4 pesos de dulce, 4 pesos de pan, y en cebollas, chile, cominos, etc. 2 pesos…”
Para las fiestas de Santa Lucia -santa patrona del pueblo-, contaban los indígenas con un fondo de 58 reses. Además el gobernador de éstos, corría con los gastos de la fiesta y aparte daban al cura un estipendio y pindecua iguales al de los festejos de la Purísima. Mientras tanto, los hijos de este personaje brindaban la comida, contribuyendo cada uno con dos reales para cubrir el total de los gastos.
Los pueblos de Pungarabato y Coyuca se alternaban las celebraciones de Semana Santa. En un año le toca a uno y al siguiente al otro:
“…nombran centurión, un capitan, dos alférez, dos sargentos, dos cabos y 36 soldados para que salgan en las procesiones, y dan cada uno 4 reales para la cera del monumento y 2 reales para el sermón del Jueves Santo. Entre todo el común se paga la comida de los que hacen de apóstoles que cuesta 13 pesos, y se le dan al cura 12 por el sermón del día de Viernes Santo y la pindecua de siete mantas, una toalla, dos jícaras o tecomates y un cantaro. Celebran los días de Santa Cruz en mayo, San Juan y San Nicolás Tolentino dando al cura dos pesos en dinero y siete mantas de a dos pesos, una toalla de 4 reales, siete servilletas de a real, un cuarto de res y una guajolota y 9 reales de pan, bizcochos, fruta etcétera.
Nombran mayordomo para la función de Nuestra Señora del Rosario, dan al cura por la misa y procesión 8 pesos. Se convida al pueblo con comida y se tira una gruesa de cohetes. Estos gastos salen de los productos de 130 reses que llaman de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, y por la aprobación de las cuentas de ésta dan al cura 2 pesos, 4 reales por la del hospital.
Con nombre también de las Benditas Ánimas tiene el fondo 44 reses y 18 bestias caballares y dan al cura 24 pesos por 12 misas que celebran en el año y 16 pesos por un aniversario. A más de los indicados gastos tienen las cofradías el de disponer comida para todos los naturales los días del herradero y por consiguiente, a excepción del de las ánimas, se disminuye cada año el número de ganado de ellas.
Para la función de Nuestra Señora de Guadalupe nombran mayordomo, prioste, diputado, escribano, fiscal 8 guananchas, madre mayor, rectora y cuatro ayudantas. Dan al cura 8 pesos que sacan de los productos de 40 reses que se juntan de limosna con este destino y entre todos los empleados convidan a todo el común con igual comida que en los días de la Purísima y Santa Lucía.”
Las tierras del pueblo de Santa Lucía de Coyuca quedan dentro de un lindero que corren:
“Desde el puesto nombrado Tacambaretis o habitación de los de Tacambaro, donde comienza el lindero de este pueblo para el sur, se va al puerto de los limones, en el cual hay un ojo de agua con muchos árboles de limón agrio; toma su rumbo por una meseta de un cerro que llaman de Ciguatzicharoco y su significado es habitación de coyotes, hasta el cerro de Caramban y quiere decir vamos para arriba, pasando a un puerto que cae al monte grande que está poblado de varias maderas útiles para la casa, y árboles de cacahanantzi y cuerámos; y volteando para el oriente se va a un cerro llamado Panzira, que quiere decir pasar el río, a una sierra alta que le nombran Inchamacua, significando entrar y salir, hasta el arroyo titulado Guapitajuato o cerro muñeco, en donde se dan muchos otates y en él una yerba llamada cebadilla que dedican para adornar las imágenes, la cual tomada es venenosa aunque se ha experimentado que a los que les han asaltado el mal de rabia, se muele en crudo y colada, se da a beber y sanan. Continúa el lindero al puerto de Tanganguato donde está una cruz que divide estas tierras con las de Axuchitlan; de aquí toma la orilla del río grande hasta Quirio, que quiere decir donde duermen, siguiendo la misma línea hasta el puerto de Coyuca, siempre por la orilla de río, al paraje de Cutuniro, que quiere decir donde hay camalotes; y éstos son favorables para pasto a los ganados; y de aquí a Guatzisguato o cerro de murciélagos, bajando por la propia orilla del río hasta Santo Domingo, Potero y Tario, que significa lugar de sauces, cuyo terreno es fértil y en el se hacen siembras de sandía, melón, vitualla, maíz y algodón; y va el lindero a cerrar a Tacambaretis, de oriente a poniente.”
En esa área de ceibas, parotas, capires, guamúchiles, sauces y algunos árboles y plantas medicinales como el cirián, el tamarindo, la verbena, la verdolaga y jabonera, se encuentran la estancia de la comunidad y la cofradía de Santa Lucía en un lugar conocido como Tario. Esta cofradía y la de las Ánimas, tiene también tierras en el puerto de los Camezes, mientras que la dedicada a la Virgen del Rosario está cerca de Tacambaretis. El paraje de los Tarimos -donde hay un ojo de agua-, está en arrendamiento para ganado mayor. Se encuentra también las rancherías de Santa Bárbara y Pantzira, que les pasa por sus orillas un arroyo de agua dulce. El ganado que pertenece al fondo del hospital se encuentra en las cercanías de Ichamacua, donde también existen algunos arrendatarios de cría y siembra de maíz. Todas ellas son tierras fértiles que irriga un arroyo, donde hay varias tamacuas con huertas de rábano, naranjas, piñas y verduras. Por último se encuentra la estancia de la comunidad de San Miguel Amucutin -quiere decir en las orillas-, conviviendo con algunos arrendatarios dedicados al cultivo de maíz.
Ya en el siglo XIX, después de la lucha de independencia y al crearse la provincia de Tecpan (1811) por decreto del Congreso de Anáhuac, Coyuca quedó integrado a esta jurisdicción. Más tarde formó parte de la capitanía general (1821) cuando está se instauró bajo la breve monarquía de Agustín de Iturbide. Para 1824, cuando se instauro la primera República Federal el municipio y por ende su cabecera, pasó a formar parte del distrito de Apatzingán (Michoacán). El 27 de octubre de 1849, cuando se erige formalmente el estado de Guerrero al ser aprobado por la Cámara de Senadores -siete días antes lo había hecho la de Diputados- Coyuca pasó a formar parte de la nueva entidad y quedó enclavado en el distrito de Mina.
El poblado que nos ocupa, es uno de los más antiguos de la Tierra Caliente del Balsas. Por su posición geoestratégica y sísmica, ha sufrido los avatares de las distintas guerras, luchas y conquistas, desde la purhépecha y española, hasta los movimientos de independencia (1810 – 1821), de la Revolución Mexicana (1910 – 1917) y la lucha por la tierra durante la época del presidente Lázaro Cárdenas. Terremotos sociales, a los que hay que agregar, los innumerables temblores de tierra –sobresalen los de 1893 y 1967-, que le han acarreado derrumbes de templo y edificio.
Por las características de la región, actualmente su economía se basa principalmente en la agricultura, la ganadería, el comercio y la pequeña industria. Encontrando entre los productos cultivados más importantes el sorgo, ajonjolí, maíz, sandía, mango, plátano, limón, tamarindo y papaya. La producción industrial es principalmente para el autoconsumo de la Tierra Caliente y consiste en la elaboración de alimentos especialmente para el ganando, así como la curtiduría y preparación de las pieles para la talabartería y la guarachería. Por último, existen también algunos talleres para el trabajo de metales, sobre todo de plata y oro.
De está población fue oriundo Ezequiel Padilla, orador, maestro, abogado, diputado, senador del Congreso de la Unión, Procurador de la República, Secretario de Relaciones Exteriores y Embajador de México en Italia.